Noticias sobre la Compasión en Chile

Desde hace ya largo rato que el clima político y social en Chile y también en el resto del globo, se ve agitado y crea la sensación ambiente entre las personas que las cosas, contrario a los deseos de la mayoría, pueden empeorar y claro, como siempre, ese empeoramiento de la situación se haría más cruel y cierto en aquellas personas que se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.

Las teorías de construcción política comienzan desde el supuesto que la actividad humana por excelencia, esta es, la capacidad de vivir juntos es una especie de competencia en la que necesariamente deben haber ganadores (siempre los menos) y perdedores (siempre los más). También existen algunos esfuerzos de la más diversa índole: religiosos, políticos, filosóficos, etc., que buscan un modelo de acción en las relaciones humanas que suponga el caso contrario, esto es, que en la competencia por los recursos en una sociedad termine haciendo que los más sean quienes se beneficien y los menos, los que sufran. De esta idea inicial correctiva de la vida en común humana es que nacen instituciones modernas y no tanto, como el Estado, la participación social e incluso la idea de los partidos políticos, las ONGs y las organizaciones internacionales.

Tengo la convicción racional y espiritual que a través de la revitalización de acciones basadas en la compasión aplicada a todos los campos de acción humana, podrían tender un puente entre la idea de la competencia (juegos de suma cero) y la situación de bienestar general progresivo y sostenible (juegos de suma positiva o win-win). Sobre esto quisiera dedicar algunos párrafos.

Existe una buena noticia respecto de la Compasión y la Regla de Oro: No hagas a otro lo que no quieras que a ti te hagan son una cosa estupenda.  Y es todavía mejor que exista un movimiento global que insiste en el fortalecimiento de esta regla de oro e idea de la compasión que es común a casi todas las grandes religiones, filosofías y escuela s de pensamiento y de la moral.

La buena noticia es que no es sólo un asunto religioso o meramente especulativo sino que la propia naturaleza (incluida la naturaleza humana) incluye este principio en su composición desde siempre. Pero claro, una vez que comprendemos el sentido en el que están incorporadas en la naturaleza humana la regla de oro y la idea de la compasión, nos damos cuenta de que no basta con simplemente afirmar la compasión y la regla de oro. Es sólo un paso inicial y hay mucho por  hacer de ahí en adelante.

La ciencia afirma que es probable que en la evolución humana, incluso antes de la existencia del homo sapiens, sentimientos como la compasión, el amor y la simpatía ya estuvieran presentes en la memoria genética a través de lo que se ha llamado selección por parentesco. La idea básica de la selección de parentesco es que si un animal siente compasión por un familiar cercano, y esta compasión hace que el animal ayude al familiar, al final la compasión termina ayudando a los genes que “memorizan” a la compasión misma. Por tanto, visto desde una perspectiva evolutiva, la compasión es en realidad una manera en que los genes se ayudan a sí mismos.

Claro, esta explicación darwiniana de la compasión puede sonar algo egoísta. Esa es la mala noticia. La buena noticia es que la compasión es natural. La mala noticia es que esta compasión seleccionada por parentesco está restringida de manera natural a la familia o los grupos más cercanos y afines.

Pero existe una segunda buena noticia. Un elemento importante respecto a la Compasión Natural del ser humano es el “altruismo recíproco” Aquí la idea básica es que la compasión nos lleva a hacer el bien por personas que luego harán lo mismo por nosotros.

La mayoría de nosotros nos sentimos muy tristes si algo malo le ocurre a un familiar o a un amigo pero nuestro grado de empatía, esto es, de la capacidad de condolernos o ponernos en los zapatos de otros, baja si se trata de las noticias obre la hambruna en el Cuerno de África o las víctimas diarias de los conflictos en Irak, Pakistán o incluso más cercanamente de las víctimas del conflicto Mapuche. Esta es otra historia de buenas y malas noticias, sería bueno que la compasión se extendiera más allá de la familia y amigos gracias a este tipo de lógica evolutiva. Lo malo es que de esto no se deriva por sí misma una compasión universal. Así que queda mucho trabajo por hacer.

Esas son las buenas noticias. Es posible afirmar que la Compasión y el respeto por la regla de oro podrían tener no sólo una base religiosa o especulativa sino también biológica, o sea, podemos hallar fácilmente una actitud básica compasiva en todas las personas, lo que me hace afirmar que no solamente en el plano espiritual es posible obtener una conducta compasiva sino que la Compasión y la regla de oro ejecutable a través de la capacidad de ponernos en los zapatos del OTRO antes de actuar, es decir, la empatía son elementos a incorporar en la vida diaria tanto en acciones pequeñas como lo haría un boy scout o las personas de fe pero también la Compasión puede y debe estar presente en la esfera de las decisiones que nos afectan a todos como son la aplicación de la ley, la construcción de las normas jurídicas y el gobierno de los estados y toda comunidad. Puesto en una frase, la Compasión debe tener un rol crucial en la política.

Quisiera parafrasear a los rabinos y los primeros padres de la Iglesia que decían que cualquier interpretación de las escrituras que provocara odio y discriminación era ilegítima. Necesitamos revitalizar ese espíritu. Y esto no sucederá simplemente porque una ráfaga del espíritu del amor pase junto a nosotros. Por el contrario, necesitamos incorporar una lectura compasiva a la legislación, a la aplicación de ésta a los planes y programas de Gobierno, a la forma de constituir la política actual. Qué diferente sería una relación entre Estado y Pueblo mapuche basado en la compasión no por las tierras o los bienes sino en el respeto hacia las personas, de todas partes o cuánta diferencia habría si el diálogo entre estudiantes y gobierno tuviera cuotas de compasión y empatía de cada uno hacia el otro; si las órdenes hacia las fuerzas de seguridad fueran basadas en comprender y a los que se manifiestan por un mejor futuro incluso para su propios hijos e hijas o bien cuál sería el grado de progreso y desarrollo y si la legislación buscara proteger y condolerse con las personas que no poseen tantos bienes y capital como para influir en el voto o elección de una autoridad.

La participación social y ciudadana se basa en corregir aquellas formas de hacer de la vida pública de los asuntos públicos un lugar más amable y más justo para compartir, para derribar el interés de uno por el interés y bienestar comunitario. Esta es la mala noticia. Si han puesto atención, nuestro país y en general el globo dista mucho de acercarse a esta certeza científica, la de la compasión estructural genética humana y, por el contrario, a pesar de que una apreciación de la regla de oro es natural, también es natural imaginar excepciones para la regla de oro.

Por ejemplo, seguramente ninguno de nosotros desea ir a prisión, pero todos pensamos que algunas personas deben ir a prisión. ¿Cierto? Creemos y tenemos razones para eso. Decimos que hicieron cosas malas que justifican esa condena. Tenemos la capacidad de forjar excepciones y poner personas en categorías especiales. Y el problema es que, aunque en el caso de enviar personas a la cárcel hemos imaginado y tratado de construir un poder judicial imparcial que determine a quién se excluye de la regla de oro; en la vida cotidiana, tomamos decidimos a quiénes no vamos a tratar con la regla de oro con una fórmula más laxa y menos precisa, que básicamente se reduce a la tesis amigo-enemigo (juego de suma cero), si no formas parte de mi red más íntima, estaré mucho menos inclinado a aplicarte la regla de oro.

Es así como actuamos en la generalidad de los casos debido a que nuestra red de afectos o conocidos e s más estrecha que la totalidad de personas que viven en nuestra ciudad, nuestro país o que la humanidad en su conjunto. Los estudiantes excluyen de la regla de oro a las autoridades, las autoridades a los estudiantes, mapuches, etc. Por tanto la sola existencia más o menos natural de la regla de oro de la compasión en los humanos, por sí misma, no salvará el mundo. Hay trabajo por hacer.

Hay todavía una buena noticia más. Esta es que la historia ha ampliado de manera natural las redes de afectividad (juegos de suma positiva, win-win), estas redes que pueden actuar como canales para la compasión. En un mundo globalizado al estado antiguo, al imperio y ahora donde estamos nosotros: en un mundo globalizado. La historia de la globalización es en buena medida una historia de suma positiva, desde el descubrimiento del fuego hasta el gobierno 2.0. La interdependencia cultural, económica, de información actual, que lleva a cambiar las percepciones e interpretaciones del otro es una buena esperanza para la compasión.

Pero si hay tantos juegos de suma positiva debido a la interdependencia provocada por la globalización  ¿por qué el mundo no está aún imbuido de amor, paz y comprensión? La respuesta es complicada, pero ocurre que  muchas veces las personas no reconocen la dinámica de suma positiva que hay en el mundo.  Creo que en esto los políticos pueden desempeñar un papel fundamental

En efecto, los políticos pueden ayudar a fomentar relaciones de suma positiva (win-win, interdependencia), el vínculo económico, político, etc. generalmente es mejor que los bloqueos y otras cosas por el estilo. La psicología humana actúa usando señales como: ¿Sentimos que se nos está respetando? Porque, históricamente, si alguien no se siente respetado probablemente no terminará en una relación de suma positiva, mutuamente provechosa, con otras personas. Debemos ser conscientes del tipo de señales que damos al mundo. Y parte de esto pertenece al ámbito del trabajo político.

Si existe algo que puede colaborar con este objetivo es lo que siempre llamo expandir el campo de lo posible, extender la empatía, la capacidad de ponerse en los zapatos del otro para extender también la compasión. Claro no basta con la empatía pero nos conduce por el camino apropiado. Pero me temo que, aquí, tenemos de nuevo una historia con buenas y malas noticias, y es que la imaginación moral es parte de la naturaleza humana. Eso es bueno, pero, de nuevo, tendemos a manifestarlo selectivamente en nuestra red más íntima. La clave es entonces, siempre ampliar el campo de lo posible, la interdependencia en todos los ámbitos de la vida. En ello, la política social, ciudadana y partidista juega jugar un rol fundamental.

Una vez que declaramos a alguien como adversario, contrario o enemigo (suma cero), será un ejercicio vano el tratar de ponernos en sus zapatos, y esto es algo natural. Tomemos un caso particularmente difícil: una persona conservadora ve por TV a una persona mapuche en Temucuicui quemando una bandera chilena. El conservador promedio se resistirá a hacer el ejercicio moral de ponerse en el lugar de esa persona y rechazará la idea de que, en efecto, tiene mucho en común con esa persona. Y si les dicen a ellos, que se explica el acto porque buena parte del pueblo mapuche piensa que el estado de Chile vulnera sus derechos ancestrales y los irrespeta y que quiere dominarlos, y ellos, entonces, odian al Estado de Chile. Pues en este ejercicio ambos bandos rechazarán esa comparación y eso es natural, es humano. El mapuche que quema una bandera no querrá comprender al conservador que le grita por TV y busca una armería para cazarle mientras el conservador seguirá odiando al Mapuche porque quema la bandera patria símbolo del mayor respeto desde su perspectiva.

Pues bien, quisiera sintetizar lo que he dicho en lo que concierne a la compasión y la regla de oro, diciendo que es una buena noticia que la compasión y la regla de oro estén en cierto sentido incorporadas en la naturaleza humana. Pero que es desafortunado que se manifiesten inicialmente de forma selectiva en la red más cercana de las personas solamente. La buena noticia es que la interdependencia que generan los procesos de interacción e intercambio de información, económica, política, cultural, social, etc., permiten abrir espacios a la empatía y expandir las posibilidades de que la compasión habite en la mayor cantidad de relaciones humanas fundamentalmente en las políticas que es donde se juega el 70% del partido llamado ¿Podemos Vivir Juntos?  Transformar esta situación de base nos tomará un gran trabajo. Pero nunca nadie dijo que hacer el trabajo de los dioses sería sencillo. Confucio decía: aplica el principio de no hacer a otro lo que no quieras que a ti te hagan todos los días y todo el día. Actuar con compasión, hace muy difícil volver de nuevo, sin pensárnoslo dos veces, a una actitud egoísta hacia el Otro.

Las dos ausentes del debate en Chile

Chile vive hoy momentos de agitación; unos dicen que del orden público, otras y otros dirán que del orden social. Movimientos, reuniones, enfrentamientos (siempre en iniquidad de armas) hay en las calles de Santiago, regiones, en las tierras de los pueblos originarios y hasta en los pasillos de las sedes gubernamentales donde abundan la mirada angustiada y seria, el entrecejo fruncido y la falta de tacto para entregar una cuña televisiva que siempre, dice poco y dice mal.

En todo este ajetreo de dimes y diretes, hay dos hermanas ausentes del debate sobre las problemáticas que afectan a las personas que viven en Chile hoy: la compasión y la empatía, ambas forman parte de lo que llamamos principios universales, es decir, aquellas certezas que compartimos como humanas y humanos por todo el orbe, sin importar mucho más que el simple hecho de haber nacido vivos.

Palabras grandes y pequeñitas, comprensibles a veces, y ni por asomo vistas, las más. Estas dos hermanitas palabras sostienen un asunto sencillo: no hacer a otro u otra aquello que no queremos nos hagan a nosotros mismos; y para cumplir con ello es necesario en la vida pública y en la privada abstenerse de causar dolor de manera sistemática y categórica, actuar o hablar de manera violenta, obrar con mala intención, manejarse priorizando el interés personal, explotar o denegar los derechos básicos e incitar al odio denigrando a los otros –aunque a esos otros les llamemos adversarios y juremos odiarlos como yo a las serpientes– pues insistir en estos actos, niega nuestra humanidad.

Pero aquí estamos, enarbolando palabras que dividen, que no nos dejan acertar; palabras como vencer, dominar, prohibir o exigir y en nombre de estas otras palabras infringimos pilares básicos que responden a la pregunta ¿Podemos vivir juntos? En esto, todas y todos hemos fallado, incrementando en muchos casos, con nuestras acciones la capacidad de causar dolor.

Es cierto. Debemos  garantizar a los niños y jóvenes protección y contención porque la necesitan siempre; una información y formación positiva y respetuosa sobre otras lecturas que sobre lo que creemos bueno, valioso, justo o bello de la vida tengan otras personas, más aún, la que poseen aquellos que consideramos enemigos.

Son muchas las necesidades y los sueños de las personas y curiosamente, no muy diferentes aún si vivimos en Antofagasta (Chile), Sao Paulo (Brasil) o Mogadiscio (Somalia). Las madres refugiadas a pocos metros del hambre y las enfermedades esperan para sus hijas e hijos lo mismo que las que se sientan en un consultorio de provincia en el sur de Chile: sobrevivir, darles un techo, alimento diario, una educación que les permita esquivar la pobreza y esperar que la vida de toda la comunidad mejore con la contribución de estos hijos que cuidan y aman.

Estoy seguro que las demandas sociales en Santiago de Chile, en Londres, Atenas o Siria tienen que ver con esos pequeños grandes sueños y, al mismo tiempo, pongo siempre en duda las oscuras intenciones que se achacan mutuamente gobernantes y las multitudes movilizadas, como si se tratara de un juego en escalada de quién da más el que, al final del día, resigna la co-creación, la solidaridad y el desarrollo humano. Nadie opta, siento, por el servicio público para infringir mal a otros; el problema es que el egoísmo y la vanidad llevan a  acometer errores que dañan la libertad, los derechos y hasta la vida de muchas y muchos.

No puedo entender que existan buenos y malos, pero sí es comprensible que hayan perseguidos y perseguidores. Y cuesta tanto poder comprender sus motivos, los de quien persigue, en un inicio, pero a poco rascar ves cómo los policías golpean, forcejean y disparan sin comprender a su víctima, confiando que su actuar lo respalde un instructivo o una norma y lo presiona un salario que cobrar para ir a casa y besar a sus hijos que quizás en el futuro, también tendrán que salir a la calle a marchar por los derechos de su padre anciano y vulnerable. Esta vulnerabilidad, no es otra cosa que la contingencia de no ser escuchado cuando tienes algo que decir, que pedir porque te falta, que luchar porque ya nadie quiere entenderse a la buena. Una vulnerabilidad que delata la injusticia social.

Igual cosa ocurre con los lactantes, los más pequeños y tal vez la insignia de lo vulnerable y excluido del debate en Chile y el mundo. La ausencia de sus madres y padres en los periodos más importantes en la formación de su cerebro, su cuerpo y su espíritu, es decir ese tiempo en el que aprendemos el afecto, es una crueldad en la que colaboramos todos también mientras seguimos fomentando un sistema económico que privilegia el sobreendeudamiento por encima del ahorro aún en las familias más pobres; una ética laboral en la que el trabajar más horas fuera de casa genera status e impresión de eficiencia y éxito aún a costa del desapego con los hijos, desentendimiento y lejanía entre las parejas y falta del descanso que repone fuerzas e inteligencia para resolver esos grandes problemas a los que estamos todas y todos a aportar.

Hoy nuestra carencia está en dejar sin voz a las dos hermanas compasión y empatía. Aprender la empatía como aprendemos himnos, ideologías y operaciones aritméticas es un desafío para cada una y cada uno de nosotros. Aprender la empatía como función básica para entender nuestro entorno, ponerse en los zapatos, en el lugar del otro antes de enjuiciar o fulminar anatema una conducta. Sonreír es un acto reflejo que realizamos incluso dentro del útero materno; es una acción 80% más fácil de realizar muscularmente que fruncir el ceño, tanto así que cuando sonríes es, según estudios, 86% más probable que te respondan con el mismo acto, una simple sonrisa pueda cambiar el mundo.

La compasión, como gemela de la empatía, nos impulsa a trabajar para aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes, nos ayuda a entregar dulcemente pero con firmeza nuestro mensaje y nuestra opinión, buscando aportar en el debate público, o sea, para colaborar en dar soluciones acerca de las cosas que nos importan a todos. Asimismo, la compasión permite tender los puentes faltantes para el diálogo, el entendimiento y la convivencia, deja atrás el egoísmo o la revancha y los transforma en espacios más amplios que los estrechos rumores o declaraciones públicas, para que cada una y cada uno de los interlocutores tenga la opción y la oportunidad de modificar las ideas, las acciones y decisiones del otro. La compasión entiende que no existe una sola verdad y que todas y todos podemos contribuir en su construcción, porque se asienta en la idea de que en un país, en un grupo humano nadie sobra y que si para que se cumpla tu felicidad debes pasar por sobre el trabajo, la casa, la educación o la  vida de otro entonces no puedes llamar a lo que aspiras felicidad; en otras palabras, la compasión nos dice que en este país cabemos todos o no cabe ningún dios.

Las personas, la ciudadanía, la gente o el pueblo busca de sus líderes la compasión para trabajar con solidaridad en la tarea de nivelar el camino a quienes se les hace cuesta arriba acceder a mejores estándares de vida y la empatía para que sepan ellos en sus oficinas adornadas que afuera el dolor existe, la necesidad es aguda y el hambre no es tan sólo una palabra grave. Los gobernantes, por su parte buscan la empatía de los electores para que sepan que no es fácil gobernar, que también les necesitan no sólo en el acto eleccionario sino en enterarse, en difundir una buena noticia y buscan a tientas -pero buscan al fin- la compasión de todas y todos para que no les dejen aislarse en una sola idea, una ideología, para que en palabras de un hombre bueno, sepan siempre nuestros gobernantes cuánto cuesta hacer un ojal.

En tiempos en que parece más permeable el ánimo de construir en muchas y muchos es urgente detenernos un instante y evaluar con más que cifras, slogans o cuñas televisivas lo que nos ocurre como personas, como país, como humanos.

Cuánto vale el sufrimiento de algunos tan cerca como los niños y niñas mapuche, el ayuno de adolescentes para ser escuchados, el ego de quienes toman decisiones para no sentarse y decir “quizás tenga razón, conversemos” o el hambre y dolor que sufren tantas y tantos en buena parte del continente africano. Cuánto deben marcar las  estadísticas o las encuestas para ponerse en los zapatos roídos de los más pobres, para construir casas que no se lluevan o se desmoronen antes del primer año; para entregar atención de salud que no se mida en calidad respecto al dinero que porte el enfermo, que se proteja a las víctimas haciendo que quienes delinquen paguen su deuda con trabajo y no solo enjaulados, excluidos y olvidados, potenciando la reincidencia; cuántas veces deben salir a desfilar pancartas, paraguas, remolinos y personas para que los que están en casa digan también es mi causa, mi hermano, mi familia grande la que está ahí y quiere más y mejor vida para todos.

La compasión y la empatía están ausentes de un debate que Chile y el planeta se merecen, por el simple hecho de estar vivos aquí y ahora, porque el futuro no espera a los que se sientan frente a la ventana o dialogan sólo con la red social. El camino hacia la vida buena necesita de un enfoque multicultural, pluralista y de tolerancia activa, elementos indispensables para la creación de una política, moral y economía justas y de una comunidad local y global pacífica y humana. A esto yo le llamo, siempre, ampliar el campo de lo posible.

¿Por qué sube el precio de los alimentos?

¿Por qué suben los alimentos básicos? ¿Cuáles son las causas?

1.El control oligopólico que unas pocas empresas tienen del comercio agrícola mundial (soja, maíz, arroz, trigo, leche…) pues ellas imponen un precio independientemente del costo real de producción.

2. La especulación de grandes inversores en las bolsas de mercancías agrícolas ha convertido a los alimentos en meros papeles de negocios. Ya están vendidas en las bolsas las próximas siete cosechas de soja del mundo.

3. La especulación financiera: muchos bancos invierten sus capitales volátiles en mercancías agrícolas, para protegerse de la crisis general.

4. La producción agrícola de agrocombustibles(etanol), que tiene sus precios basados en el petróleo, termina empujando la tasa medía de ganancia en la agricultura hacia arriba.

5. El elevado costo de transformar millones de toneladas de cereales en proteína animal. O sea, las élites demandan cada vez más carnes, y por eso parte de la producción de vegetales, que podría ser consumida por la población, va para los animales.

6. Las privatizaciones de los servicios públicos para la agricultura, que los transfieren al control de las empresas multinacionales.

7. Las legislaciones ambientales de sanidad y certificados de patentes, implementados en el periodo de los gobiernos neoliberales para favorecer el control oligopólico de algunas empresas, les da poder para imponer precios.

8. La regla general impuesta por la OMC (Organización Mundial del Comercio) a partir de 1994, que transformó los alimentos en meras mercancías, que deben ser reguladas sólo por el mercado.

9. La introducción de la propiedad privada de las semillas transgénicas impone una nueva matriz tecnológica con costos de producción mayores y en beneficio de las mismas empresas que controlan el comercio, las semillas y los insumos agrícolas.

10. Los precios de los alimentos se internacionalizaron. Los parámetros de producción y de los precios no son más el costo real de producción de alimentos en cada país, sino que se establece un precio medio mundial, controlado por las empresas.

 

Yemen podría convertirse en la próxima Somalia

África es un continente que muestra la cara que no queremos ver, aquello indignante y lejano que nos conmueve sólo a través de los noticiarios pero que, en la intima calidez de nuestros hogares desaparece como si fuera un problema inventado, una mera narración que si no la evocas, desaparece o se soluciona como en un cuento de hadas.

La realidad es más dura, cercana y de responsabilidad de todas y todos nosotros. El desgastante entorno del Cuerno de África es un ejemplo de lo que ocurre en todo el continente, diezmado por problemas que todos creemos superados hace mucho: el hambre, la esclavitud –sí, la esclavitud tal como se oye- las guerras, las fuentes de recursos saqueadas antes por los Estados europeos y hoy por las grandes empresas transnacionales, así como también las rígidas estructuras valóricas y religiosas de sus culturas construyen un cerco para el desarrollo difícil de romper.

Para muchos la solución son intervenciones militares rápidas que democraticen por la fuerza y pacifiquen por la espalda pero, el proceso de refundar naciones, mercados, construir carreteras, hospitales, escuelas y generar modelos sostenibles de gestión pacífica y solidaria de éstos, por ejemplo, es un desafío mayor en calidad y tiempo en el que debemos pensar y contribuir con ideas, esfuerzo y dinero. Yemen es un ejemplo de una situación que da gritos de estar cayendo en el descontrol, como sucedió con Somalía y los otros países del cuerno de África pero que nosotros no escuchamos o no quisimos escuchar y hoy arrepentidos, exigimos, donamos y lloramos. Aquí hay algunos datos que nos pueden ayudar a oír cuando debemos escuchar.

Los continuos combates en varias provincias de Yemen, que recientemente han desplazado a miles de personas, especialmente en Abyan y el Distrito Arhab de Sana’a, están comprometiendo la situación nutricional de los afectados, especialmente la de los niños. Esto podría aumentar la morbilidad y mortalidad, especialmente entre los niños menores de cinco años.

Yemen podría convertirse en la próxima Somalia dado que los índices de desnutrición infantil son tan altos como los del Cuerno de África,  si eran malos los pronósticos en la situación normal de inestabilidad, éstos se han agravado por el desplazamiento.

Un estudio reciente de las organizaciones humanitarias con presencia en el país realizada sobre los distritos de Haradh, Bakeel Al Meer y distritos de la gobernación de Hajjah Mustaba estima que la desnutrición aguda global (DAG) en los niños menores de cinco años ha aumentado en casi 40%, de los cuales un 8,5% son casos graves. La DAG es el porcentaje de niños mayores de seis meses y menores de cinco años que tienen desnutrición aguda moderada o severa. La prevalencia entre los varones es mayor en un 44,9% en comparación con el 32,7% entre las niñas. 
El estudio, que abarcó las familias desplazadas que residen en y fuera de los campamentos y comunidades de acogida, muestra que los niveles más altos de DAG se encuentran entre los niños desplazados (39,7%) en comparación con los de las comunidades de acogida y sus alrededores (34,7%).

Los niveles preliminares de desnutrición aguda escalan ya superando el umbral de emergencia, lo cual es indicativo de que la situación se está deteriorando a pesar de las intervenciones existentes, como plantea el informe de situación del Instituto Internacional de Investigaciones en Políticas Alimentarias (IFPRI, en inglés la sigla) de diciembre de 2010 (http://www.globalfoodsec.net/static/text/ifpri_foodasthebasis.pdf). Este indica que Yemen ha tenido la mayor prevalencia en desnutrición infantil entre todos los países de Oriente Medio y África del Norte.

Yemen también tiene una de las mayores tasas de mortalidad materna en el mundo, con estadísticas oficiales, lo que sugiere que 365 de cada 100.000 mujeres en edad reproductiva mueren durante el parto. La situación se ve agravada por las creencias tradicionales. Por ejemplo, se acostumbra a reservar las porciones mejor alimento para el padre, mientras que las mujeres y los niños deben conformarse con los elementos de menor valor nutricional, o son los últimos en la fila para conseguir comida. Estos factores, unidos a la pobreza y el analfabetismo, son responsables de la prevalencia de la desnutrición entre las mujeres y los niños situando a este país en un punto de inflexión que amenaza con transformarse en otro infierno como el que sufre Somalía, Etiopía o Djibouti.

¿Hay esperanzas? Por cierto que las hay. Los programas de las organizaciones de ayuda humanitaria así lo demuestran. La inversión en educación escolar de los niños, en especial de las niñas aumenta hasta en 60% si va aparejado de alimentación escolar (buena oportunidad para reestablecer nutrientes básicos), invertir en la alimentación+educación de niñas sugiere mantenerlas en la escuela, aliviar a las familias de una boca que consideran “pasivo”, le aleja de un matrimonio por conveniencia en el que se reproduce la violencia doméstica o exposición a enfermedades y agresiones sexuales en los campos, retrasa los embarazos hasta la edad adulta teniendo mayores posibilidades (sobre el 76%) de tener periodos gestacionales más estables y pariendo hijos sanos (sobre el 86%). Hablando en dinero, cuesta menos de 25 centavos de dólar diarios salvar la vida de un niño y menos de 50 centavos diarios si se trata de niñas hasta los 16 años 6 veces por semana.

Es importante mencionar en tiempos que se discute sobre postnatal y otros derechos de los niños y de sus padres, que la inversión en el más antiguo método de nutrición que ha hay sobre la tierra: el amamantamiento (lactancia materna), es un buen ejemplo de desarrollo, o sea, pasar de condiciones menos humanas a condiciones más humanas para las personas.  Y es que sorprende averiguar que es posible salvar a un niño cada 22 segundos si éste fuera amamantado en sus primeros seis meses de vida. Pero en países como Yemen o Nigeria, por ejemplo, menos del 7% de los niños son amamantados en los primeros 6 meses de vida exclusivamente; en Mauritania menos del 3%. Esto es algo que se puede transformar con conocimiento, voluntad y trabajo sostenido. Invertir en condiciones favorables para que las madres puedan amamantar es un excelente negocio para las familias y los Estados pobres y, constituye  una eficiente manera de salvar la vida de los niños; es por ello que hoy buena parte del trabajo humanitario se centra no sólo en el reparto de comida sino en asegurarnos de que las madres tengan suficiente enriquecimiento nutricional y en enseñarles acerca de la lactancia materna.

Lo mismo ocurre con la inversión en bancos de alimentos para pequeñas comunidades, las tarjetas de crédito para alimentos saludables, los mosquiteros y la vacunación+desparasitación  en terreno por poblaciones focales y en las escuelas.

¿Es posible reproducir a escalas mayores estas “pequeñas intervenciones” (pensemos que estos esfuerzos se aplican sobre una población mayor a los 100 millones de personas en 34 países al mismo tiempo) en poblaciones más grandes reunidas? La respuesta es positiva. Tanto un país, un sistema de salud o un programa de protección social pueden desarrollar estos ejemplos ajustados a cada núcleo poblacional, ejemplos de esta transferencia de conocimientos y éxitos son programas como Hambre Cero en el Brasil. En todas estas iniciativas se presentan tres elementos centrales que usted puede vislumbrar: esfuerzo económico y de trabajo sostenido en el tiempo; tecnología+innovación, es decir, conocimiento que hoy está disponible, y; voluntad política, liderazgo y compromiso, o sea, personas dispuestas.

Sin duda que las formas como las comunidades se relacionan con sus recursos son clave para la subsistencia o colapso de las mismas: la guerras intestinas o externas; las malas o inexistentes relaciones de comercio con comunidades y países vecinos, así como el cambio climático y las consecuencias de la sobreexplotación y carencia de estrategias de manejo de recurso naturales sumado a la incapacidad de transformar los valores más arraigados van sosteniendo un reduccionismo en todos los niveles anteriores cercando, enjaulando a su población. Los primeros en hacer sentir las carencias y el sufrimiento son los niños y niñas. Sin una acción constante y duradera en estas zonas tendremos mes a mes noticias del estallido del hambre y las enfermedades derivadas de este mal que, sigue siendo el principal problema de las personas en el mundo. Indignante situación toda vez que hoy, como nunca antes poseemos tecnología, personas capaces de aplicar técnicas y conocimientos para solucionar estas problemáticas pero que, como un puente a medio terminar siguen estando ahí presentes  contemplando impávidos como el tránsito de lo moderno sigue su curso amenazando con dejar atrás, en el olvido y la invisibilidad a la mayor cantidad de personas en el mundo.

Esperemos que el llamado de Yemen que calza en todos los factores del colapso pueda calar en las personas, como nosotros, para que pongan a disposición su voluntad sostenida, los conocimientos disponibles con innovación y tecnología para el bienestar y acerquen a los donantes y financistas para que acudan los recursos sostenidos en el tiempo y veremos que antes de una generación obtendremos resultados positivos y, por cierto, humanos que hagan del sol infernal del África un calor que abrace la esperanza.

Twitter: @nestormorales

Cuando el Hambre Desaparece

Opinione publiccatta en www.elquintopoder.cl y www.porquechilelate.cl

El título de esta columna pareciera un gran comienzo, pero no es así. La desaparición de la información sobre la crisis alimentaria en el Cuerno de África de las agencias de prensa, de los periódicos, de la conversación cotidiana antes de que haya pasado una semana desde que la Asamblea General de Naciones Unidas haya declarado oficialmente la Hambruna en 3 regiones de Somalia es casi un presagio del mal, el último signo antes de que la muerte tenga libre acceso a los cuerpos que caminan por las irregulares rutas de localidades como Sako hasta los campamentos keniatas y de Etiopía, en las que la sequía, la guerra, la violencia contra las mujeres y el hambre cobra víctimas todos los días.

El camino es difícil, más aún cuando lo haces con 4 hijos en promedio por mujer a cuestas y la desesperanza por tu país, de haber perdido a un esposo que lucha en un frente imaginario o que fue muerto en serio por la guerrilla. Y es que el principal actor de este camino del hambre es mujer, joven, pobre, con hijos a su cargo, todos ellos enfermos de enfermedades derivadas del hambre, pero no de ese hambre que se sacia con rapidez, sino que es esa condición crónica de privación de nutrientes, ese problema sin rostro que sufren más de 215 millones de personas aún en el mundo. Personas con nombres y apellidos, con historias de vida, con esperanzas y sueños que poco a poco, a medida que desaparecen sus fotografías, historias y urgencias de la agenda de prensa mundial, también comienzan a diluirse en nuestros recuerdos e indignación hasta la invisibilidad.

Y es que la condición de invisibilidad que tiene el hambre y la pobreza en África o cualquier otro lugar del mundo es la principal razón de la mantención de estos males. La indolencia, es decir, la ignorancia voluntaria es el factor de mayor presencia en la toma de decisiones, en la acción contra los malestares del milenio. Para casi todos los grandes problemas de la humanidad tenemos respuestas, se trata de “problemas de última milla”, o sea: sabemos cuáles son esos problemas, quienes los sufren, por qué lo sufren, poseemos la tecnología, el conocimiento y los recursos humanos para resolverlos pero su invisibilidad en la toma de decisiones o la prevalencia de intereses económicos que traen las guerras intestinas, o las potencian, mantienen esa desaparición continua de los medios y de la preocupación de los que hoy podrían ser miles o millones de #indignados por el hambre, por la malaria, por las guerras internas, por la falta de condiciones sanitarias y mucho más cercano a usted indignación por los sistemas de salud, los tributos o la educación.

Hoy, el campamento keniata de Dadaab, considerado el mayor del mundo y que se encuentra activo Desde 1991!!!!, acoge 1.300 nuevos refugiados cada día, alberga una población de más de 425 mil refugiados somalíes y etíopes. En esta “tiendopolis” cada mujer madre que llega al campamento (90% de las mujeres mayores 15 años) a lo menos ha perdido un hijo y la tasa sigue creciendo (43 mil mujeres han perdido 4 de sus 5 hijos menores de 15 años). Es un campamento donde no ves hombres, la mayoría abrumadora son mujeres y niños (los olvidados del África) y que a un ritmo aterrador mueren en los brazos de mujeres también enfermas cuya leche materna, cuyas fuerzas y cuya esperanza muere con sus hijos. (4 de cada 10 niños menores de 5 años que llegan al campamento muere a la semana)

De acuerdo con las cifras de ACNUR, más del 80 por ciento de los somalíes que escapan del hambre y la guerra son mujeres y niños. Algunos de los padres de los niños murieron en el eterno conflicto de Somalia, otros secuestrados por el grupo radical Al Shabab, para luchar por su causa y los menos, son minusválidos o se desconoce su paradero. Esta ausencia de hombres hace más vulnerables a las mujeres, pues, las violaciones y la violencia sexual entre los refugiados contra las mujeres y niñas durante la larga travesía hacia Dadaab se ha cuadruplicado, con 358 casos denunciados en el primer semestre de 2011, por 75 del mismo período de 2010. Aún así, son las mujeres las que sacan adelante a sus familias, recogiendo los restos de ella de entre los enfermos, los muertos o los desaparecidos.

Misma desaparición que tienen las noticias sobre la guerra, la hambruna que sufren 12 millones mujeres, niños y hombres en Somalía y el campamento keniata de Dadaab. Hoy, de los 200 medios escritos y/o electrónicos más importantes auscultados pertenecientes a países miembros de la OCDE (incluido Chile) sólo en 12 de ellos existe un informe diario de la situación en el cuerno de África; en la mayoría (87%) sólo existieron noticias hasta el día posterior a la declaración de hambruna por parte de ONU y; en el 100% de estos medios sumados a cadenas de radio el día anterior a la aparición de estas palabras no existía ninguna referencia al problema que asiste a miles de humanas y humanos como nosotros, como su mujer, su hijo o hija  y que sólo esperan de nosotros que no les olvidemos, que no les dejemos desaparecer.

Por unas monedas

Por Bernardo Kliksberg*

Los llaman los “niños ladrilleros”, son una de las caras de la pobreza típicas del Perú. Los utilizan especialmente para producir y manipular ladrillos, porque, como son niños tienen muy baja estatura y eso favorece la producción en serie. Se contaminan rápidamente, se intoxican con el polvo, se ponen amarillentos, se enferman seriamente. Todo por unas monedas.

Es una de la formas de la explotación inmisericorde de niños en tareas que amenazan su salud, que la OIT denunció recientemente en el Día Mundial contra el Trabajo Infantil. Hay en el mundo 215 millones de niños que “trabajan” cuando deberían estar en la escuela, jugando o socializando.

Más de la mitad están en labores que la OIT denomina “trabajos peligrosos”. Entre ellas en la agricultura, la minería, y la construcción, en las que sus débiles organismos están expuestos a pesticidas tóxicos, herramientas y maquinarias peligrosas, cargas pesadas, explosivos, temperaturas extremas. En muchos casos en tareas repetitivas y tediosas, en aislamiento, y denigrados, lejos de sus familias.
A ello se suman actualmente las nuevas formas del trabajo infantil: la explotación sexual, su utilización en el narcotráfico, los trasplantes clandestinos de órganos, la pornografía infantil en Internet.

Resalta Juan Somavia, director general de la OIT: “La persistencia del trabajo infantil es reveladora del modelo de crecimiento que tenemos en la actualidad. Es urgente terminar con trabajos que afectan la seguridad, la salud y la moral de los niños”.

En América Latina los niños de 5 a 17 años que trabajan son más de 14 millones. Un país entero de tamaño medio. Son dos millones en el Perú, 3 millones en México, y cifras significativas en la mayoría de los países. Más de 10 millones lo hacen en tareas peligrosas para su integridad física y psicológica.

Niños en la calle. Muchos son invisibles a los ojos como los “ladrilleros” o los niños que revisan los basureros. Pero otros están ante la vista colectiva, diariamente: los “niños de la calle”. Excluidos de todo, tiran fuegos al aire en los semáforos para conseguir una limosna, o como sucede en Bogotá duermen a la noche con perros o cubiertos de diarios, para tener un poco de calor frente al frío.

Los pretextos están a la orden del día: es formativo que trabajen, no quieren estudiar, con esto aprenderán para el futuro. Son burdas justificaciones para “malas conciencias”. El trabajo infantil es causa central de las altas cifras de deserción escolar. A pesar de avances, entre el 20% más pobre, el 12% de los niños no completan la primaria, y en los niños indígenas o de origen afroamericano es el 20%.

En ese mismo 20% más pobre, solo uno de cada cuatro niños finaliza la secundaria. Ello los condena virtualmente a la pobreza y la marginalidad. Pero, además, se los coloca en altos riesgos de salud, y se les “roba” la infancia.
Enfrentar esta explotación indigna, requiere actuar legalmente, pero también encarar sus causas últimas. Darles acceso real a educación, protección social, deporte, socialización, y abrir oportunidades laborales a sus padres. 

Como lo hace el programa “Bolsa familia” en el Brasil, que ahora por decisión de su nueva presidenta, Dilma Rousseff, será ampliado con “Brasil sin miseria” que se propone integrar para el 2014, a los 18 millones de brasileños en pobreza extrema. O como lo está haciendo la asignación universal para niños hijos de trabajadores informales en la Argentina establecido por su presidenta, Cristina Fernández, con apoyo generalizado, que está llegando a 3.700.000 niños pobres, y se propone alcanzar el total de ellos. O como lo hace el programa “Pro Niño” lanzado por Telefónica que, trabajando con Gobiernos y ONG, ha sacado del trabajo infantil a más de 200.000 niños.

Todos, políticas públicas, empresas, sociedad civil y cada ciudadano deben sumarse para evitar que continúe esta intolerable indignidad ética.

*Economista y pensador. Consultor principal del PNUD. Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires. Autor de más de cincuenta libros, entre los cuales se encuentra “Primero la Gente”, con Amartya Sen, y “Escándalos Eticos”, declarado de interés cultural y económico de la Ciudad de Buenos Aires. 
Columna publicada en el diario “La Nación” de Costa Rica, el 19/6/11.

El Día Después en el Trabajo Infantil

El pasado domingo 12 de junio celebramos el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil. Hubo fotos y compromisos con abrazos televisados en prime time. Pero al otro día, las cosas están más o menos como empezamos. 81 millones de niñas, niños y adolescentes son pobres en América Latina, esto es, 45% del total de la población de menores de edad del continente a lo menos carecen de un derecho básico (vivienda, acceso a la salud, agua potable, educación o alimentación, entre otros). Este sería un dato más o un desafío, según cuanto le importe a UD palabras como protección, desarrollo o solidaridad, si no existiese un juego de correlaciones que me parecen importantes de señalar en pocas líneas para molestar a nuestras ocupadas conciencias y obligarnos a poner nuestras mentes a trabajar para dar solución al problema de la pobreza y dotar de criterios de urgencia a nuestras acciones para colaborar con aquellos y aquellas que trabajan día a día por transformar su pobreza.

Existe, como decía un juego de correlaciones que  es fundamental considerar a y aprender para el diario vivir, ya sea que trabaje UD en el sector privado, en la industria, los gobiernos, la educación o el deporte, sepa que la primera correlación de la pobreza en los niños y niñas es el inicio del trabajo infantil; que del total de niños que trabajan en Latinoamérica, al menos un 70% provienen de familias que trabajan en el sector informal. Aún más, el desempleo o cesantía masculina de jefes de hogar se correlaciona directamente con el trabajo infantil al menos en un 46% en nuestro continente. Más de la mitad de los niños y niñas que trabajan no asisten regularmente a la escuela (que como decíamos es un derecho básico y si se vulnera, lo convertimos en pobreza). Una correlación atroz es la del aumento de población inmigrante infantil  latinoamericana en países con alto crecimiento dentro de la región que ha venido aumentando las tasas de comercio y explotación sexual de niños y especialmente de niñas y adolescentes mujeres afrodescendientes, situación que se hace urgente en países como Brasil, Argentina y Chile.

Las mayores correlaciones de trabajo infantil, de las peores formas de trabajo infantil y peligrosos, esto es, aquellos trabajos que pueden causar un perjuicio en la salud física, mental o moral de las niñas y niños se encuentran en las industrias clásicas de América Latina: pequeña minería, agricultura y comercio. En estas actividades se impide muchas veces la asistencia a la escuela, existe separación de sus padres y familias, se trabaja en condiciones de horario y garantías abusivas (trabajo nocturno, inexistencia de seguridad social o seguros de salud) lo que configura un panorama que se aleja deltrabajo justoy se acerca vertiginosamente a formas de esclavitud pura y dura.

Pero no sólo ocurre en actividades menores, familiares u ocultas. El problema también es traspasable a las grandes empresas mineras, del retail y manufactureras (las más grandes violaciones a los derechos de la infancia en el mundo empresarial los producen las empresas jugueteras). Existen hoy iniciativas interesantes de algunos bancos europeos y otras instituciones que buscan generar indicadores de sustentabilidad con variables como lucha contra el trabajo infantil no sólo en las grandes corporaciones sino también poniendo énfasis en las cadenas de distribuidores y de proveedores, dotando a los productos de una trazabilidad humana beneficiosa.

Pero existen también, algunas correlaciones positivas como por ejemplo la correlación directa entre crecimiento económico y disminución de trabajo infantil, pues claro, en la medida que hombres jóvenes y mujeres jefas de hogar acceden a trabajos en sector formal es posible que los niños y niñas puedan suplir necesidades básicas y acceder a la escuela donde  se reproduce el acceso a otros bienes básicos y de calidad alejándoles de la situación de pobreza (Chile, Argentina, Uruguay poseen tasas de 10-15% de pobreza infantil y crecimientos sostenidos en el tiempo).

Pero este es un juego de doble faz, toda vez que la escuela inicial y secundaria provee bienes básicos o abre la red para accder a ellos pero, al final del ciclo vuelve a reproducir las iniquidades a las que prometía responder en un inicio. Un esfuerzo, entonces, de parte de los gobiernos y el intersectar para buscar en la educación modelos de sustentabilidad en la transformación de la pobreza y ganar la partida al trabajo infantil es urgente y necesario.

Trabajar por mejorar la legislación de infancia en los países del continente, evaluar y transformar las instituciones afectas a las temáticas de infancia que están rezagadas y obsoletas en todos los países de la región, crear las figuras de defensor del menor, incluir a los pueblos originarios en los beneficios sociales respetando la identidad de pueblo, fortalecer la protección de menores frente a las peores formas de trabajo infantil, y urgir a las grandes empresas para controlar a sus proveedores y distribuidores finales son buenas prácticas y exigibles prácticas que nos ayuden a alcanzar la meta del 2016 sin trabajo infantil en la región y en un plazo, ojala no mayor, terminar con la pobreza de todas y todos, especialmente de niñas, niños y adolescentes. Estas, sentimos, son metas posibles, necesarias y justas.