Néstor Morales T. (nestor.mt@gmail.com)
Alguien conoce una novia fea, o puede decir que la novia del último matrimonio al que fue se le puede tildar de ordinaria, que posee malos gestos, trata mal a su novio, en fin, ¿alguien pude decir cosas malas de la reina de la fiesta? La verdad es que sería difícil encontrar excepciones.
Y es que para momentos únicos, en que por un breve instante -como las fotografías o las encuestas de opinión- una mujer puede ser perfecta, para ello han hecho toda clase preparativos y sacrificios que terminan en el día cúlmine con un hermso vestido retratado en la mejorada y Photoshopeada imagen de la Foto de la Novia: eternamente bella, sin mácula, sin crítica. Ex ante y Ex post del matrimonio todos pueden dar su parecer, pero en esos momentos un vaho de belleza cubre a esa persona.
Algo parecido ocurre con la figura presidencial en Chile, sea en sistemas presidencialistas, ensayos constitucionales, semis o parlamentarios a secas que viva nuestra incipiente aunque aperrada República. El Presidente, el Jefe de Estado, nunca pierde su popularidad y cariño de la gente. Ya se lo cuestionaba un enorme conservador o nacional-tradiconalista (como guste) como fuera Don Mariano Egaña que, a pesar de sus rechinadientes por instaurar en nuetro país una Monarquía, admiraba la figura del Monárquica Británica e, incluso, nuestros viajados, ilustrados y revolucionarios indepenentistas comenzaban sus carreras políticas con un Dios Salve al Rey.
Por tanto, es posible señalar que desde los albores de la República la evaluación ciudadana hacia la figura del líder de la Nación nunca ha revestido mayor trascendencia, debido a su escasa variación o efecto directo en el desarrollo de su gobierno, es más, podemos revisar una extensa liteatura en que cada uno de nuestros Presidentes, incluso los má temidos (Pinochet) e ignorados (Barros Luco) a la hora de preguntar al pueblo por su imagen, siempre habrá un parabien. Algo así como un: “Sí, igual se veía bonita en la foto la novia”.
Digo esto porque pareciera que en la prensa (el verdadero contralor de la política) lo único importante a analizar es la popularidad de la figura presidencial, sobre todo con los últimos dos presidentes (Lagos, Bachelet), como si los test de simpatía pudieran salvar o defenestrar un gobierno. Primer mito a desvelar: los gobiernos caen o se mantienen independiente como sintamos la figura del Presidente. Piense usted en la evaluación hacia la Presidenta Bachelet que sube y baja según hayan catástrofes naturales o políticas en el país. Si se ahonda en estas preguntas, la personas suelen responder que podrá tene problemas de liderazgo pero es cercana, simpática, buena persona y quiere lo mejor para el país. Igual cosa podría revisar con Lagos, Frei (ambos) e incluso con Allende y Pinochet, en todas las figuras líderes es posible reconocer alguna virtud de estadista (teniéndolas o no), lo importante es que el análisis que hagamos desde la opinión pública, sobre todo desde el progresismo sea el correcto.
Así, si evaluamos el descontento ciudadano con la gestión del gobierno versus el apoyo a la Presidenta, cualquier profesional de las ciencias sociales daría por orates a los electores; esquizofrenia política al no asociar una figura que lleva el timón con los tripulantes pero no es tan irracional ni antojadizo el juicio de los opinantes. Me explico.
La figura de capitán de un barco aquí es útil (mejor si es Prat el que nos viene la cabeza). En esa figura etiquetamos nuestras proyecciones de virtudes más estimadas, pues al final será él quien se hunda con su barco, se sacrifique (O’Higginns; Allende; BAlmaceda; Pinochet; Alessandri Palma; Aguirre Cerda, etc.) y los demás, como las ratas, huyen primero, el gesto heróico viene del líder no de los ejecutantes que como en el coro de una tragedia griega sólo cantan la desgracia, el hado que le avecina a nuestro Héroe (Aquiles, Héctor, Ulises). Son ellos (gabinete y partidos) los que podrían enterrar un gobierno y por ellos también es que puede al final transmitirse el mando sin novedad, ahora, cada cuatro años. Mas no son ellos los que reciben el espaldarazo ciudadano y, déjenme decirles amigos progresistas, de eso vive la derecha en Chile y en todo el mundo de aislar a la Reina, a la novia y arrasar con los peones.
Y qué es lo que vemos en las encuestas de opinión (como la última de GFK-Adimark que se reproduce en link al final). El mismo desapego hacia quienes desarrollan el poder día a día, es decir: gabinete y partidos políticos, la mismas variaciones porcentuales por fechas del año y acontecimientos pero, sin mayor novedad. Lo que sí pareciera que decrece es el juicio que existe sobre la acción propiamente tal o sea, ser más o menos de izquierda o de derecha que uno sea no excluye decir cuando las cosas no funcionan y que se achaque esto a los ministros y partidos es un problema mayúsculo para el progresismo pues, digámoslo fuerte y claro: si algo ha habido es desprolijidad desde la pimera magistratura en las decisiones finales, si hasta sus Ministros lo han dicho soterradamente: el Hospital de Curepto, Frambuesagate; destitución de la Ministra de Educación (alguien recuerda su nombre); enviar a destiempo el proyecto de enmienda constitucional por sistema binominal han sido obra y gracia de mandataria. Ahí recaen las responsbilidades, pero la opinión pública nunca acabará por entenderlo así.
Reenmarcar a los opinantes significa transformar su modelo de pensamiento y afectos cuestión que carece de sentido después de 200 años aprox de vida republicana. Lo que sí importa es trasladar esos afectos y evaluación merecidamente y que se haga escuchar para no causar mayores males. Encerrar a la reina es una estrategia difícil de sortear, pero posible para que los beneficios y el triunfo lleguen a todos los jugadores del mismo color en el tablero.
El cuadro de opiniones de las personas justo antes de las elecciones municiples ya está echado, no hay variación ni movilidad en las actitudes políticas de los electores (afinidad con sector que sí refleja la íntima y efectiva intención de voto, no así la pregunta por nombres directos), será como siempre pero se mirará con resquemor la gestión de quienes salgan desde el gobierno (gabinete y partidos) a ser candidatos o apoyar las candidaturas, y mucho ojo con esto, los conservadores ya lo están utilizando bajando la fallida victimización de la concertación por el no apyo al binominal que se plantó como un elemento pequeño el de requerir (desde Piñera y la Derecha, ya sabrá usted que son dos cosas diferentes) GARANTÍAS CONSTITUCIONALES a la no intervención del gobierno en campañas, será el tema de batalla para las elecciones próximas. Si caemos en el juego de dimes y diretes mermará la Concertación en una oportunidad estupenda de dejar un mapa político tranquilizador para el progresismo ad portas de una elección presidencial que, como ya podemos augurar, será dura en los juicios y trapos exhibidos, pero con una solución final que intuyo -como usted- es como el odioso sistema binominal: de los dos mejores postores, ¿Quién es más querido por la ciudadanía?, el menos peor dirá y si cambiamos la pregunta y le pidiera que recordara cómo se veía en el día de su matrimonio su mujer/marido dígame, ¿Se volvería a casar?
Encuesta Adimark Abril: