Néstor Morales T.
Desplazarse por la ciudad es una cuestión compleja. Traspasa principios que parecieran no aplicarse a un evento tan común como ir de un lado a otro de las ciudades a través de medios de locomoción colectiva. Elementos como libertad de desplazamiento y reunión (garantías constitucionales), acercamiento a las oportunidades (principio de equidad), fortalecimiento de la red vial, conectividad, aumento de la productividad, etc., son cuestiones que transversalmente se ponen en jaque con la gestión de transporte urbano y que en el caso del plan de transporte del Gran Santiago, Transantiago, han sido trastocados convirtiéndolo en más que una mala palabra.
Dentro de todos los elementos enunciados, quizás el de mayor relevancia para las personas es la función que cumple el transporte público de acercar/alejar a las personas de las oportunidades. Este es un viejo tema que nunca es tratado con la intensidad requerida. La posibilidad de poder llegar al lugar de trabajo y no, hace la diferencia en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, de las familias, por fin, de la economía y la sociedad. Se trata de cumplir con las expectativas propias de la vida en comunidad de ser sujeto activo y receptor de oportunidades que permitan acceder a bienes políticos, económicos, sociales y culturales (PESC) pues son éstas las que permiten acortar la brecha entre condiciones menos humanas y condiciones más humanas de vida para las personas.
El Transantiago, es un problema de digresión entre el diseño y la implementación del plan, entre la idea y la palabra de lo que debe ser y es, en efecto, una política pública. Por lo tanto se ha convertido, fuera de los cuestionamientos económicos y técnicos que brotan como la mala hierba, en un problema de comunicaciones, lingüístico mayor, si se quiere.
El principal problema radicó en la idea, qué duda cabe, en la política pública que en el papel requiere de mucho ensayo técnico para satisfacer el RS (Reporte Social) de todo proyecto. En esto, el Gobierno actual falló brutalmente entregándose al voluntarismo y el vértigo de los primeros días al mando, algo así como el ahogo de los cinco primeros minutos de partido, luego de eso, como el deporte también indica, tuvo no pocas oportunidades de resolver sus problemas pero al contrario, se cometieron diversos errores que quisiera resumir en lo que sigue.
El más grave, sin duda, es el de mentirle a la Presidenta, o al menos mostrar a la ciudadanía que así ocurrió. Cuando el liderazgo carece de las herramientas: asesores, estrategas, propio discernimiento, acerca de los cruces que hesiten entre los datos duros de una política pública y la capacidad de ésta de impactar satisfactoriamente sobre los beneficiarios, entonces lo que cabe es la verdad, no solo por un asunto moral sino de realidad política. Cuado se dice que hay algo que está listo para andar y no anda puede superarse antes del fallo ante la opinión pública, emerge la progresividad como medida de cobertura, la marcha blanca y sobre ella se harán los ajustes pertinentes, pero aventurarse sólo por presión desde el liderazgo exige de quienes son los ejecutores o secretario de la medida (Ministros) la mayor transparencia y valentía de decirle que no a su jefe, en eso se destaca un buen gerente de uno prescindible.
Enfocar el problema en el Ministerio de Transportes (MTT) y no en los operadores o el AFT. Como en tantos otros casos (subcontratistas v/s CODELCO; estudiantes v/s Ministerio de Educación, entre los más recientes) el estallido de los conflictos siempre es previsible, mensurable -si se quiere- y es en esos momentos cuando el aparato comunicacional y de estrategia política debe mostrar toda su pericia para “enmarcar” adecuadamente el conflicto. No es cierto que el sistema de transporte urbano en sus fallas sea responsabilidad prima facie del Gobierno: nada se dijo en los primeros meses de los incumplimientos de la empresa privada, de la extorsión de los operadores, de la injusticia y provincianismo con que llevan adelante maliciosamente su industria, por el contrario, como tantas veces, el Gobierno reacciona asumiendo todo el problema sin deslindar responsabilidad y ponerse también del lado de los estafados, es decir, toda la ciudadanía.
Enfocar tardíamente el problema en los operadores y en el AFT. Apenas el entramado ministerial y de La Moneda cayó en cuenta de estar pagando platos rotos de otros optó por enmendar echándoles toda la culpa a los empresarios operadores y soporte técnico del plan. Otro error, pues después de haber enmarcado ellos y la oposición el problema como un asunto de Gobierno es imposible volver atrás, ya todos enfocaban el quid del asunto en el Ministro de Transportes, fuera quien fuera. Además, resulta poco decoroso recular de la responsabilidad una vez asumida aunque sea impropio, pareció a excusa fácil y carencia total de congruencia política por lo que una vez apropiado el problema debía asumirse la misión de solución fuerte, vigorosa como Estado y no como un gobierno de turno como se mostró en adelante.
Tratar de aminorar los números y dinero involucrado, sobre todo el déficit. Eso no se hace con los ciudadanos, menos aún frente a los conservadores, te destrozan con justa razón. Y es que cuando se debe dinero por enorme que sea la cifra es mucho pero ir en aumento cada vez. Piense usted la indignación que nos produce ver cómo se acrecientan las deudas en razón del interés y pero es enterarnos cuando vas con el dinero justo a la caja y te falta, de la misma forma se sienten los ciudadanos y representantes cuando una vez de acuerdo a pagar por el fiasco salimos con una cuenta más grande de lo antes declarada, indigna y con razón.
Errar en la construcción del negocio (oferta, demanda, pagos, estímulos, etc.). Qué duda cabe, un negocio siempre es un asunto de etapas revisables y sometidas a chequeos previos a la entrada en vigencia del gobierno. Esta cuestión conocida por todos los emprendedores de Chile, asesorados inclusive por el Estado a través de CORFO (Capital semilla, incubadoras de negocios, etc.), parece inexistente dentro de la construcción del plan de transporte urbano para la capital. Sin palabras, si contamos con buenos profesionales técnicos y políticos medianamente ilustrados en los cargos de responsabilidad no me explico las fisuras tan grandes para un negocio de esta envergadura, sólo asimilable a la gestión de nuestra banca tan irresponsable y ausente de toda mesura a la hora de desarrollar el negocio con justicia incluso para ellos mismos (v. gr. Las pérdidas que suele tener con problemas de fusiones y especulación como D&S-Falabella o la quiebra de ALFA, préstamos para nuevas explotaciones mineras, por ejemplo).
Echarle la culpa a Lagos y su Gobierno y a todo Ministro para que ponga el cuello antes que el líder de turno, eso se nota y es mal visto. Esta es una caída enorme ya que es necesario en la política equilibrar los dichos siempre, pues siempre es posible verse enfrentado al escrutinio ex post. Piense usted en la posibilidad de que sea Lagos, efectivamente, quien gane la próxima elección presidencial, en el pie que lo deja su propia correligionaria ante la opinión pública y ante si misma, qué posibilidades de avenimiento son realmente claras para Bachelet después del gobierno de insertarse en la comunidad internacional o en una política dominada o por la derecha o por Lagos.
A partir de lo anterior, creo que un párrafo aparte, por la importancia y gravedad del daño al país, merecen los errores del líder, la Presidenta de la República. Así, aventurarse a decidir sin evaluar y luego reconocer casi como sorna que el plan “no le tincaba” es un reflejo propio de la imprevisión de la improvisación en la principal de las tareas que es la de liderar un gobierno. En Chile no existe ningún lugar donde pase más información que en La Moneda por lo que aparentar desconocimiento e ingenuidad aún cuando se le mienta al líder, no es excusa y sólo enrostra carencias de fondo para lograr salvar algún escollo en el camino. Culpar a Lagos, dejar caer Ministros semestralmente, echar los perros delante (Escalona y los suyos) para amedrentar a los empresarios son muestras del miedo y la soledad en el poder sólo visto en relatos como Macbeth, con las consecuencias que en él se leen. Del mismo texto se puede aprender una lección: en política es posible y hasta necesario mentir, no contar toda la verdad de los hechos sino enmarcarlos para que encuadren con los principios y los bienes superiores que se protegen (libertad, estado de derecho, razones de Estado, etc.), peor lo que no está permitido nunca es traicionar las confianzas, ni de los de tu sector, de tus padrinos y mucho menos de la ciudadanía. Nunca des explicaciones falsas pues tus enemigos nunca las creerán y tus amigos no las necesitan, sólo requieren que les digas cómo te ayudan, pero sin mentiras, no los traiciones. Eso, siento con pesar, lo olvida a menudo la primera mandataria y cosecha lo que siembra: tempestades.
Se acaban de aprobar recursos para aplacar (no solucionar) el plan, bien por los usuarios, pero la lección a aprender por parte de Bachelet en esta pasada no es cómo los conservadores y sus propios representantes niegan a veces la sal y el agua o transan millonarios votos como si una confabulación contra el socialismo o la vía chilena al desarrollo, nada de eso. La verdadera lección radica en que cuando los imponderables son muchos y nos acechan, o sea, cuando la suerte no anda contigo, entonces debes defender mínimos para no perder máximos, en esto la Presidenta sólo le queda a estas altura el Ministro Cortázar, es poco, cierto es pero debe cuidarlo en palabras de Pérez-Yoma, apretando los dientes.